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La creciente diversidad de alumnos es un importante tema de debate
que involucra a los miembros del sistema educativo y también a las
familias. Entre las diferencias se encuentran la lengua, la cultura, la
religión, el sexo, el nivel socioeconómico, el marco geográfico y las
distintas necesidades educativas.
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En muchas ocasiones, en lugar de establecer y mantener comunidades
escolares que honren las diferencias, se vive la diversidad como un
problema y los centros escolares no dan acogida a niños que presentan algún
tipo de problema. Entre las variables de discriminación se encuentra la de
niños con necesidades educativas especiales (nee), asociadas tanto a
discapacidad como a sobredotación.
La integración escolar de niños con algún tipo de discapacidad era, no hace
mucho tiempo atrás, un proceso que se daba naturalmente. Con el correr del
tiempo, los niños discapacitados han sido enviados a escuelas especiales,
haciendo de su discapacidad un rasgo que resalte más que sus capacidades.
Así, la discapacidad se ha convertido en un factor excluyente en
materia de educación. Niños con algún tipo de trastorno de atención, por
ejemplo, han sido catalogados como alumnos perturbadores, y sus padres han
debido buscar una alternativa que les brinde educación.
Está comprobado que los niños discapacitados que se desarrollan
dentro de un ambiente plural y heterogéneo, que no los margina,
obtienen mayor estimulación y mejores resultados.
A partir de esta realidad, el desafío es fomentar la integración,
brindar la posibilidad de que los niños con discapacidades se incorporen al
sistema ordinario de educación y consigan el mayor desarrollo de sus
capacidades personales, sociales e intelectuales. Experiencia de un grupo
de educadores en relación con la inclusión de alumnos con necesidades
educativas especiales
La integración propone, entonces, la inserción de niños ciegos, sordos,
deficientes mentales para trabajar con ellos de manera igualitaria. La
finalidad última es que cada alumno reciba una educación acorde a
sus necesidades.
La inserción y la atención de todos los niños dentro del colegio supone
formar escuelas de puertas abiertas a todo el mundo y responde al ideal de
conformar sociedades más democráticas, más justas, más tolerantes y
comprensivas.
Un compromiso
A menudo nos enteramos de la situación de padres que enfrentan el dilema de
cómo integrar a sus hijos con necesidades educativas especiales (nee) a la
comunidad educativa ordinaria, leemos artículos periodísticos sobre el
peregrinaje familiar en búsqueda de escuelas que acepten niños con nee,
somos testigos de casos de discriminación infantil.
Para que esto no suceda, es importante que como padres:
- desde
la escuela, analicemos la forma en que ésta
interactúa con lo que nuestros hijos aportan. Propiciemos, junto con
los profesores en las aulas, una educación menos selectiva; que
apueste a resaltar las competencias propias de cada niño y que rechace
la segregación y el aislamiento de niños con discapacidades.
- desde
los hogares, contribuyamos a crear un clima de
respeto hacia las diferencias, de solidaridad y convivencia. Las
discusiones abiertas, en cada casa, acerca del prejuicio, los
estereotipos y la exclusión tienen el potencial de arribar, entre toda
la familia, a conclusiones tales como:
-no juzguemos a la gente por su apariencia,
-busquemos rasgos en común.
Asimismo, debemos propiciar en nuestros hijos la conciencia de sus
derechos. Cada niño debe conocer su derecho a ser incluido, valorado y
respetado por quién es, en un mundo cada vez más diverso y plural.
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